Siempre hay una razon para levantar nuestra voz y expresar nuestros sentimientos e ideas. Algunos luchamos por un ideal casi imposible de lograr, aun a sabiendas, levantamos nuestros espiritus acompanados de nuestras voces y estamos dispuestos a morir en el intento con tal de no callar. Al final de todo, el problema no es lo que decimos, sino lo que callamos.